sábado, 2 de agosto de 2014

Francisco y Margarita

Camino rápidamente.

Lo que veo de repente, me paraliza el corazón y las piernas por unos minutos que me parecen casi mortales.
 Desearía ir corriendo a saludarla, sin embargo no puedo, no caminaba solo.
El parpadeo de su visión es como una ráfaga que me descompagina todo el cuerpo, pero que a la vez me oxigena. Hacen años de haberla perdido. Me siento sudoroso, nervioso, tiemblo, rio despacio inmensamente alegre y no puedo explicarle nada de esto a mi acompañante.

Exploto, rezo, ruego porque sea real y no otro delirio.

 Aunque de nada le sirve que sea real. Francisco ha seguido de largo y está a dos cuadras de donde ha tenido la oportunidad de ver a Margarita. Ella se encuentra radiante, hermosa, plena. Mueve las manos como explicándole algo a sus tres amigas. Todas comienzan a reír. Están tomando café en Havanna. En unos minutos él hará todo lo posible por volver sobre sus pasos para buscarla. Será en vano.
Estoy desesperado por zafarme de mi acompañante. Logro escurrírmele cinco minutos después cuando se entretiene en un escaparate. Vuelvo al café. Ahora en lugar de Margarita solo queda una silla vacía. Grito de dolor, la rabia lo sobrepasa. Solo se me escapó mi verdadero amor por cinco míseros, asquerosos y retorcidos minutos.

Tal vez la rabia era tan intensa porque Francisco de cierto modo presentía que esa sería la última vez de su vida en la que tendría a Margarita tan cerca. En ninguno de los cuarenta años que le quedaban por vivir la volvería a ver. ¿Por qué te tuviste que ir? Pensó él cabizbajo.


Me alejo derrotado del café y arrastro lentamente los pies hacia mi acompañante, mi esposa, mi nueva vida.

jueves, 24 de octubre de 2013

Humo y realidad

El día se volvió jaula
Y humo oscuro todo lo que toco

El vuelo de un insecto
Atravesó las rejas, posándose en mis labios
Y mil palabras furiosas lo destrozaron

(del otro lado)
Las pisadas que retumbaron en la grava
no venían por sendero conocido
y los perros de mis pupilas
le ladraron
y esos pasos y la llave se alejaron

sucumbo ante el terremoto
y la tinta se derrama
pero no es la culpable de la muerte del poema
la toqué
y no quedaron estrellas
y eclipse lunar
y nubes presas

Ya sin jaula
Ya con penas

Soy humo, soy lo que me rodea.

jueves, 14 de marzo de 2013

Calandría (6)- Algunas descripciones

Hasta el aire cuando entraba en sus pulmones era un aire puro, inocente. Lo exhalaba despacio, calmamente, sintiéndose liviana. Su tez oliva, pelo oscuro y lacio hasta los hombros, ojos castaño claro y rostro semejante al de otros miles de niños podrían haber aseverado que no había nada de especial en ella. 
El cielo era de un fluido con una densidad intermedia entre el aire y el agua por lo que se hacia posible la existencia de Carrols, que nadaban en ese medio. Se impulsaban mediante los largos cabellos que les pendían desde los costados de todo el cuerpo, desde la cabeza hasta la cola y cuando nadaban recordaban a las amebas. Estos seres podían ver la música y eran muy amigables, si uno les acariciaba bajo las fauces se ponían a ronronear y este hecho era muy gracioso porque la criatura era tan grande que el ronroneo (un sonido agudo e irregular) se producía con eco. 

sábado, 2 de marzo de 2013

...



Siervos de colores
Danzando en frenesí
Penas inquietantes
Lobos carmesí

Pesadillas orwellianas
Se van dejando tras de si
Amarillo, rojo, negro
Escondido un bisturí

Río campestre
Corriendo tras de mi
Huellas ondulantes
Un, dos, tres, hachís.

Caso cerrado



¿Para qué pensar en cosas que no tienen respuesta? O mejor dicho, en cosas que nuestra mente condicionantemente inferior de humanos no nos permite vislumbrar. Seria algo así como llegar a un absurdo matemático (es a veces en este punto donde se podría inferir que se creó por necesidad el conjunto de los imaginarios). Y si, efectivamente estoy hablando de la existencia humana. ¿Porqué o para qué existimos? Como forma de vida,  en este planeta. ¿Habría diferencia si no estuviéramos? ¿Pero qué habíamos acordado? -nada de pensar. Hay cosas que mejor no planteárselas porque como buenos humanos salimos con todas las de perder en este debate existencialista.
Hay cosas ante las que no se puede hacer nada. Caso cerrado.

martes, 12 de febrero de 2013

Transporte


Uno podría imaginarse un principio con un hola que tal. Pero para eso es necesario hacer un análisis exhaustivo de eso que comúnmente se conoce como colectivo. Vehículo de transporte masivo de pasajeros. Personas que ves solo durante unos minutos  en tu vida mientras vas al trabajo, tu casa, la universidad, el parque, a lo de un amigo. Primero y más cerca del suelo están las ruedas, de tamaño intermedio entre las de un auto y las de un tractor. El piso siempre con algo de polvo de los zapatos, los papelitos abollados de los boletos que amablemente deberíamos guardar en nuestros bolsillos, pero no porque son tan molestos. Los asientos de a uno que son perfectos para las almas solitarias o acaso para las poéticamente introspectivas; los de a dos bueno ya saben son para los sociales o suertudos. Las ventanillas que a veces tienen cortinas, si no te rostizas como un pollo al espiedo en los días veraniegos. Y por fin,  el techo. Los techos de los colectivos son anormales, o por lo menos así a mi me lo parecen. Caen personas de ellos. Más específicamente, un chico raro. ¿Me habló o fue una alucinación?, otra más, ¿otra voz sin propósito? Miedo, terror, miedo. Ganas de algo diferente y justo esto, justo el techo del colectivo, que tuve que esperar una eternidad y me arrepentía de haberlo tomado. Miedo otra vez, miedo a lo desconocido como quien dice. Y ahora una noche estrellada y mañana quien sabe, correr, hablar, correr para escapar, tal vez correr para llegar, pero al fin y al cabo alejarse de algo. Cosa tremenda el destino este. Ojala que no me esté jugando una carta con una nube oscura dibujada sobre ella, así bien grande, bien por descargarse a llover y a tronar. Porque uno no puede confiarse de buenas a primeras ante el primer desconocido que le dirija la palabra. Ya sea hablando amablemente, ya sea en son de amistad. Me interrogó y lo admito, eso produjo en mí una sensación parecida a un espasmo entre la desconfianza y la admiración por la valentía de aquel sujeto que al principio vacilante y luego porfiado me dirigió la primera palabra. Imagínense mi estupor.

sábado, 9 de febrero de 2013

Un reflejo de ciudad


Una ventana se enciende, otra se sume en la oscuridad. Danzan cada una ignorando a la otra, pero a su vez todas conspiradas en el anonimato de la ferviente noche de sábado. Y aquí me tienen, observando a una pequeña parte del mundo, la parte que me tocó mirar.
La ciudad por momentos me parece un grito terrible, de desgarro, de desconsuelo de humanidad arrastrada a ser lo que es por la inercia de los tiempos de cambio. Otras veces solo me da la impresión de energía, de actividad que busca algún sentido, alguna forma de pasar el tiempo de la existencia. Quién sabe, cada día me dice algo diferente, o  me hace recordar cosas que ya sospechaba.
Pero esto no tiene importancia porque lo que yo voy a contarles les va hacer olvidarse de esta deteriorada ciudad, desde la cual veo esa luna nívea que me hace acordar a la otra, a la mía.
“Van Holding iba a caballo en medio de la noche llevando como compañía solamente a una gran luna azul. Su capa negra flameaba con el fresco aire noctambulo de melancolías y resentimiento.
Atizaba frenéticamente al corcel sin saber por qué se encontraba tan ansioso. El fatal y terrible desenlace ya había comenzado y todo se encontraba en calma; no habría razón aparente para seguir a la expectativa de que sucediera algo más.

El estaba seguro que las cosas habían cambiado. Podía vislumbrar un rastro invisible que parecía unir el mundo de siempre con una ciudad a la que había accedido sólo en sueños. Esas cosas no se entienden ni verifican en el momento, y la sola idea de tener que comunicarle al rey en persona que la estrella había  estrangulado a la luna azul, al suelo que pisaban, a su hogar, le daba escalofríos. Antes de que el caballo se detuviera, sintió que en realidad no quería parar, que llegaba tan apresurado como el deseo de seguir de largo aunque el monarca le hubiese visto frenando cuarenta metros más adelante. Rápidamente le explicó lo que pasaba y le pedio auxilio y mientras lo hacia se apretaba el estómago porque la verdad es que repentinamente había empezado a sentir miedo de desaparecer, como si ese hueco en medio de su ser pudiera extenderse y abarcarlo en su totalidad.
Dejó al rey llorando desconsoladamente en medio de sus jardines. La luna iba a desaparecer, ya todo el mundo lo sabía. El rey también sabía que no iba a volver a ser reconocido por sus súbditos. Un silencio sepulcral lo invadía todo cubriendo cada cosa de un tenue azul, como nunca había sido tan volátil el color.
No, no era posible, a Van Holding le pareció que la luna clamaba su nombre. La tensión debía estarle jugando una mala pasada. Tenía que concentrarse y salir de ahí para poder llegar al fondo de todo.
El azul de las cosas ya no era un azul tranquilizante, se volvió un celeste tenue que lo alteraba, que lo hacía sentir inseguro e indefenso. Tenía que cambiar todo, tenía que encontrar algo que le devolviera a ese escenario como de batalla sus estandartes rotos, tenía que seguir aquel rastro que había descubierto “sólo así podré salir de todo esto” pensó. “¡Quiero salir de aquí!”Llegó a decir.”
No puedo evitar sentirme un poco triste cuando recuerdo todo aquel asunto. Lo que pasa es que cada vez que la luna se tornaba azul era porque su hermana La estrella imperial la estrangulaba. Cuando esto sucedía todos desesperaban pero no se daban cuenta que era el curso natural de las cosas, para poder renacer. Es como si desgajándose, la misma luna descubriera de nuevo su azul fantástico y característico, con cada cosa atada a ella.
De a poco voy olvidando esos momento en que solo y perdido me descubría en lo absurdo de no estar ni solo ni perdido. Una mancha de color carmesí va tiñendo a la luna que lo abarca todo. Dibuja trazos oscuros y claros en el suelo y el tiempo avanza tan rápido y yo ya no siento aquel vacio envolviéndome y sin embargo, sin embargo cuando me doy cuenta… en mi ventana acariciando las nubes ya no hay una luna pálida, sino una azul.

Solo una rosa


  Estoy sentado en un banco de plaza de cara a la avenida Maipú y llueve mucho. Uno podría imaginarme con alguna cúpula de iglesia detrás, vestido con un sobrio traje, camisa blanca, a pesar de mi juventud un bastón entre mis manos para darme un cierto aire de actor enamorado, una rosa roja como dejada en un descuido a mi lado en el asiento. Y uno no se equivocaría. Magdalena siempre tendrá todo mi corazón.
  Bajo lentamente la mirada mientras la lluvia resbala sobre mi pelo, adosándose a las escenas que evoco y que van aflorando todas desordenadas como las hojas de un árbol en primavera.
  Los momentos que vivimos en aquella plaza, parecíamos dos cómplices que se entendían con la mirada. Uno de los días que más reí en mi vida, todavía paso y no puedo evitar sonreír, además de sentir una mezcla inexplicable de sentimientos, como si cada sentimiento fuese una pintura en la escala de los grises o marrones y las colocara a todas en un mismo tarro con la intención de mezclarlas, luego miro dentro y mi cerebro no sabe cómo debe identificar el contenido.
  Eso también fue una terrible agonía al principio, porque todos los días debía pasar por los mismos lugares en los que estuvimos, y ese quiosco, ese café, ese cine, esa librería, esa calle a la que todavía no le sé el nombre y por la que te llevaba pretendiendo no estar perdido, hasta que te diste cuenta, todo, todo me recordaba intensamente a… Basta, si ya no puedo hablarle, ¿Por qué ese vos explícito? Tal vez es mi inconsciente inconforme, que se resiste a que todo terminó y desea escuchar otra vez su voz hipnotizante, aunque sea una vez más.
  Esa agonía llegué a pensar  no iba a acabar hasta que me fuera de esta ciudad. Pero para mi sorpresa noté que a medida que el tiempo fue pasando allí donde siempre encontraba sus recuerdos como migajas de pan, de a poco volvieron a ser cosas inertes, solo un banco de plaza, solo una canción, solo una calle, solo el oso de peluche que fue comprado para mí. Excepto el día de su cumpleaños, cuando me desmoronan los recuerdos incautos que viene a traer  mi memoria, cuando vienen todos juntos a atacarme, cuando me visto como el día en que le propuse matrimonio interpretando al personaje de aquella telenovela que le encantaba tanto, cuando mis pasos siempre terminan llegando hasta el muro donde posa tu nombre, el silencio, tu cuerpo. Cuando voy a visitarte con  una rosa roja por todo regalo. 

El humanoide


Creo que hasta ahora no he mencionado la existencia de mi querido y profano humanoide. Estoy tan embobada con él, que he perdido de hacer varias cosas que debería haber realizado, de mi rutina, de mi vida común y corriente como persona normal. Me quedo mirándole durante horas, perdiendo la noción del tiempo y del espacio, sin control de mi mente, podría llegar a decir. Me atrapa con sus piruetas y vericuetos, con sus juegos de niño travieso, con sus cabeceadas de querubín durmiéndose en la tarde de verano. 
A veces roba algunas de mis pertenecías (por eso lo de profano), usualmente las que utilizo para la escritura o el dibujo y las esconde. Luego tengo que observarlo detenidamente, horas, e incluso días enteros para poder recuperarlas. Eso me tiene en vela últimamente. Mi humanoide es casi perfecto. Solo le falta una voz propia, porque llegado el caso yo soy su voz y voto en esta sociedad tan infame. Unas noches duermo junto a él, tal cual fuese mi peluche viviente, otras le cierro la puerta. Ay… mi humanoide es lo mejor que existe, y cuando el llegó nos prometimos secretamente no abandonarnos hasta por lo menos dentro de un par de años.  Claro, por supuesto que eso son palabras vanas al vacío porque esas cosas no las podemos decidir nosotros.  

Abandonado


Sublime, casi fuera de este mundo, ondas que elevan pero que también  hacen descender por momentos.           Decime porqué, porque te vas. Tanto sufrimiento escondido entre los pliegues de esta maraña. Velocidad, energía, momentos felices, caminamos juntos, no importa el peso de lo que llevamos dentro, si ya somos livianos, flotamos sin pensar más que en la cara del otro, y jugamos a tomarnos de la mano tan cálida y tan fuertemente para ver quién es el primero en jamás soltarse. Y  una lágrima que no es lágrima, que no cae por mi mejilla, que no existe más que en esta noche, en estos pensamientos demasiados ajados por la lentitud de mi mirada clavada en el pecho de un sentimiento tan desconocido, porque no quiso presentarse antes de marcharse. Más de lo conocido.
Me hace acordar a vos, vos que ya ni debes tener un atisbo de mi nombre en tu cerebro, vos que decidiste todo, porque yo se que fui el primero en derramar una lágrima por tu causa, tengo miedo de llamarte y que no quieras escucharme, de que me siga quedando con las ganas de volver a sentirte, aunque sea tu voz que era lo más lindo, hasta que pienso que todo eso fue una abominación, como enamorarse de alguna clase especialmente horrible de ser híbrido. Tan sensible, tan buena persona, tan fuerte, tan admirable que todo fue un engaño, una mentira, algo increíble de explicar con palabras coherentes, porque nada tuvo sentido, y a cada segundo estábamos debatiéndonos entre lo que es tener un amor, el dolor por la distancia y la felicidad. Si me preguntaras ahora que es lo que siento diría que no sé, porque sabes que nunca tuve nada de esas cosas en claro, pero sí se siente algo en lo más hondo,  que tiene forma y color pero es más parecido a una melodía triste de piano que a otra cosa. Sí. Ese solo, el mismo, vos sabes cuál. 
Simplemente no puedo escribir porque esta cortina no me deja ver. 1:53 am

Una tal Flora


  Es increíble lo que puede hacer un abrazo bien dado en el momento oportuno, y de la misma manera la falta de ellos especialmente durante la infancia. Si le hubiesen dicho eso a Flora se hubiese reído bastante, y uno se quedaría con una cara de no saber porque esa efusión tan repentina.
   Flora estaba teniendo problemas con la ley.
  A veces las cosas que ella consideraba divertidas la sociedad las consideraba desadaptadas. Pobre Flora, y digo esto porque sé muy bien que ella en el fondo también sabía que del todo no tenía la culpa. Algunos dicen que haber sido un niño maltratado no justifica para nada que de adulto se cometan crímenes. Para opinar, a los que no lo han sido, les resulta bastante fácil. Los que sí lo han sido y piensan lo de la frase anterior yo creo que es una especie de traición  a la causa, como sea que quieran rotularla. Bueno, también quiero dejar en claro que hablo de crímenes casi inocuos, de esos en los que no sale nadie lastimado, y de criminales que casi que no se les podría llamar así. Porque a los otros yo creo que se les va la mano. Son un tanto impulsivos a mi parecer, esos a los que Flora dice que habría que darles veneno mezclado con la comida. Flora es así, frontal, que se le va a hacer. Empieza a decir algo y nadie la para, y ojo, no vallas nunca a cortarla a mitad de una explicación porque ahí sí que quedas sin voz ni alpargatas.