Tal vez no estaba preparada, ese día y a la
hora que marcaba el reloj no, así que cuando preguntó , no tuve más que decirle
la verdad para que después no supiéramos cómo ni cuándo logramos dormirnos,
todo eso, obviamente entre nuestras reflexiones más personales sin poder vernos
a los ojos, ni de costado o refilón.
Yo ingenuamente pensé que tal vez se
hubiese enojado por esa “inmadurez” de mi parte. Más tarde supe, que del otro
lado de la cama los pensamientos fluían hacia lugares más oscuros y dictaba que
lo más probable es que al haberme visto ligeramente presionada querría salir
corriendo de ese hotel y no regresar jamás, ni por el lugar ni por si la gente
que se encontraba allí en el momento dado en el que regresara volviese a ser la
misma.
Como ya no me importaba vivir, pero tampoco
tenía las agallas necesarias para suicidarme decidí correr los riesgos que
dicen que hay en el mundo, así, de una manera u otra terminaría muerta, pero el
solo hecho de que estés leyendo estas palabras quiere decir, que como la
mayoría de las veces, nada sucedió como yo esperaba. En todo caso esta vez casi
todo tuvo significado positivo ya que descubrí que a pesar de todo todavía
queda confianza, honestidad y rastros de bondad en las personas de este mundo.
Corrijo, en la mayoría de las personas de este mundo, porque la estadística y
la probabilidad así lo indican en estos casos. Comprobé que no toda esa gente
se dedica a la trata de personas, ni es asesina, terrorista, violadora o algo
por el estilo.
Me quedé donde estaba porque mi corazón me
lo impedía, así que cuando despertamos al día siguiente hicimos lo mismo que el
día anterior y el anterior a ese día. Prendimos la televisión y volvió una
monotonía gris relativa que cubrió todo como un manto pesado e incómodo. Se fue
a bañar y yo aproveché para cambiarme de ropa rápidamente antes de que me
viera, cosa que ahora pienso fue un tanto ridícula.
Pero seguro que te cansaste de rodeos, y
estás en todo tu derecho lector de saber que sí, que al final al otro día
mientras nos besábamos acepté, y pensé, si todavía no ha llegado la hora,
¿entonces cuando?
Cuando llegamos, en la recepción por ser
mayor le preguntaron los datos en vez de a mí y recuerdo que en el campo donde
debía poner la relación que tenía con migo escribió “amiga” (pero sin las
comillas).
Difícil sería olvidar los momentos que
vivimos en aquella plaza, uno de los días que más reí en mi vida (hasta ese
momento), todavía paso y no puedo evitar sonreír, además de sentir una mezcla
inexplicable de sentimientos, como si cada sentimiento fuese una pintura en la
escala de los grises o marrones y las colocara a todas en un mismo tarro con la
intención de mezclarlas, y tal vez lo hice, es entonces cuando miro dentro del
tarro y mi cerebro no sabe cómo debe identificar el contenido.
Eso también fue una terrible agonía al
principio, porque todos los días debía pasar por los mismos lugares en los que
estuvimos, y ese quiosco, ese café, ese cine, esa librería, esa calle a la que
todavía no le sé el nombre y por la que te llevaba pretendiendo no estar
perdida, hasta que te diste cuenta, todo, todo me recordaba intensamente a…
Basta, si ya no puedo hablarle, ¿Por qué ese vos explícito? Tal vez es mi
inconsciente inconforme, que se resiste a que todo terminó y desea escuchar
otra vez su voz hipnotizante, aunque sea una vez más.
Volviendo a lo anterior, esa agonía (llegué
a pensar) no iba a acabar hasta que me fuera de esta ciudad. Pero para mi
sorpresa noté que a medida que el tiempo fue pasando, la necesidad de otro
encuentro fue cediendo y que allí donde siempre encontraba sus recuerdos como
migajas de pan, de a poco volvieron a ser cosas inertes, solo un banco de
plaza, solo una canción, solo una calle, solo el oso de peluche que fue
comprado para mí. Y ese desapego entre lo que veo-siento-existe-necesito, me
hizo volver al estado anterior en el que me encontraba, que en todo caso es
mucho más normal.
En un momento le pregunté quién había
escrito la primera palabra. Vos, me respondió con una cara que interpreté
reflejaba amor y cariño. No podía haber sido de otra manera. Además siempre me
dijo que ambas cosas no son lo mismo, no es lo mismo querer que amar ni que
sentir cariño. Parece que de vez en cuando a mí se me confunden.
Después de salir noté lo mal que me sentía,
habíamos estado bastante tiempo en la
habitación, casi un día entero besándonos y estando… y eso que no soy
claustrofóbica ni nada. Me dijo que porqué no le había dicho antes, y la ver
dad es que no lo había notado, como si una atmósfera enrarecida me hubiese
convencido de que estaba bien. Pero la verdad es que tampoco quería caminar,
cerré los ojos y lo único que desee en ese momento fue desaparecer, como si
algo dentro de mí hubiese hecho un clic o se hubiese activado una alarma
silenciosa. Era el último día. Fue el último día que nos vimos, y cuando estaba
por anochecer me acompañó a la parada de colectivos, momento póstumo de mi vida
en el que me exigió el beso de despedida, y yo pudorosa no me decidía, encima
que se acercaba mi colectivo, y le faltaba una cuadra, media, un par de metros,
y toda esa gente mirando, mirándonos, mirándome a mí y al peluche que tenía en
la mano… entonces acordándome de los riegos que debía tomar (si no eran para
morir que fuesen para antes de ese momento) le di el bendito beso para su
contento, y para mi alivio me subí al colectivo.
De eso también hablamos, los besos, la cosa
más linda que existe en el acto de amar. Y me da rabia no poder acordarme de lo
que dijo exactamente porque esto necesita una transliteración para que
entiendas estimado lector cómo me sentí en ese momento, porque me llegó hasta
las fibras y no me importó si eso ya se lo había dicho a otras veinte antes que
a mí. Básicamente dijo que primero tomaría mi cara suavemente (todavía no nos
habíamos visto en ese entonces) y lentamente deslizando los dedos hasta mi nuca
acercaría sus labios a los míos, casi como si el tiempo estuviese en una caja,
al alcance de la mano para ir tomando la cantidad que se necesite, así tomaría
un buen puñado para sentir cada milímetro de mi piel, siendo dulce y cerrando
los ojos sentir mi respiración, ahora tomándome de la mano…
Nos salvamos. Cuando apoyé mi cabeza en su
hombro no pude guardarme más lo que quería decirle desde hacía rato, gracias
por salvarme, le susurré al oído. Me preguntó de qué. Respondí que de mí misma,
porque antes de conocerte (y otra vez no puedo evitar que aflore mi
inconsciencia inconforme) en lo único que pensaba era en hacer una estupidez.
Yo también, me confesó para mi sorpresa.
Me dijo que antes de aquel domingo estaba con el ama destrozada, que había
jurado no volver a amar a nadie hasta que como ya saben le dirigí la primera
palabra, aquel saludo inicial y con el tiempo de alguna forma…nos fuimos
alejando un poco de la idea de morir.
Nos debemos la vida, aunque solo llegamos a
cumplir un mes y quince días. Me empezó a importar el hecho de respirar, se
acabaron los riesgos y tal vez me volví una persona menos interesante.