sábado, 9 de febrero de 2013

El humanoide


Creo que hasta ahora no he mencionado la existencia de mi querido y profano humanoide. Estoy tan embobada con él, que he perdido de hacer varias cosas que debería haber realizado, de mi rutina, de mi vida común y corriente como persona normal. Me quedo mirándole durante horas, perdiendo la noción del tiempo y del espacio, sin control de mi mente, podría llegar a decir. Me atrapa con sus piruetas y vericuetos, con sus juegos de niño travieso, con sus cabeceadas de querubín durmiéndose en la tarde de verano. 
A veces roba algunas de mis pertenecías (por eso lo de profano), usualmente las que utilizo para la escritura o el dibujo y las esconde. Luego tengo que observarlo detenidamente, horas, e incluso días enteros para poder recuperarlas. Eso me tiene en vela últimamente. Mi humanoide es casi perfecto. Solo le falta una voz propia, porque llegado el caso yo soy su voz y voto en esta sociedad tan infame. Unas noches duermo junto a él, tal cual fuese mi peluche viviente, otras le cierro la puerta. Ay… mi humanoide es lo mejor que existe, y cuando el llegó nos prometimos secretamente no abandonarnos hasta por lo menos dentro de un par de años.  Claro, por supuesto que eso son palabras vanas al vacío porque esas cosas no las podemos decidir nosotros.