miércoles, 23 de enero de 2013

Cordura

Palabras malcriadas brotan en mi jardín
el cielo es de comas
las aves un par de puntos por alli,
tocando el agua de mi lago
me agarra un ataque de chistosín
lo que suavemente refleja
son las palabras mar de achís

domingo, 20 de enero de 2013

Calandria (5)- Paradis (la entrada)


   Alicia acababa de salir de la gris aldea de los Régulos cuando descubrió otra vez aquellas huellas como las de su entrada a Calandria, como si alguien se le hubiese adelantado a sus pasos. Desde entonces es que ella sospechó que podría tratarse de la misma persona que la estaba siguiendo, así que invirtiendo los roles, comenzó a seguirlas. No anduvo demasiado cuando tuvo que desistir en su propósito debido a que la arena cedió ante una pradera magnífica, con un cielo especialmente blanco y maravilloso, que parecía fabricado de algodón. Le pareció que si tuviese la altura suficiente hasta podría subirse y dar un paseo tan campante…
   Al detenerse descubrió (¿o no estaban allí antes?) unas simpáticas plantitas de tomates, melones y zanahorias, a las que con mucho gusto se comió de tres bocados. Alicia estaba muy feliz, como se había sentido en mucho tiempo. Se sentía como se debe sentir una flor al ir abriendo cada uno de sus jóvenes pétalos al sol naciente. Se sentía volar, sin alas. y así es como continuó por aquellos maravillosos parajes que tenían por nombre Paradis, sin tener noción del tiempo del tiempo empleado para ello.
   Las arenas del reloj le estaban por dar la primera lección de eso que los adultos llaman realidad.

Calandria (4)- La aldea (la salida)


   Sin titubear posé mi mano sobre el picaporte de una de aquellas puertas y tiré hacia abajo. Empujando con timidez, ingresé a un interior sencillamente decorado con una mesa de madera rodeada de cuatro sillas. En una de las paredes habían colocado una pintura de un ave similar a la alondra con el dorso pardo y el vientre blanquecino. Iba a proseguir con mi inspección cuando escuché el sonido de unos pasos. Me apresuré a atravesar otra vez la puerta y salí de nuevo mirando a ambos lados de la calle, pero no había nadie. Seguí caminando y observando todas aquellas casitas que parecían el calco repetido de algún modelo, entonces se me ocurrió que los habitantes de aquella aldea (si es que llegaba a encontrar alguno) debían ser en extremo felices, pues allí no había lugar para la envidia, las clases sociales, los privilegios, y esa clase de cosas.
   Pensando en estas cosas es que me sorprendí ingresando nuevamente en otra de aquellas viviendas, y con cierta alegría (tal vez porque así mi teoría se vería más cerca de ser cierta) observé que estaba idénticamente decorada a la anterior. Alguien me espiaba porque los pasos se acercaron hasta quedar bajo una de las ventanas muy cerca mío. Me dispuse a seguirlos comprobando que ambos lados de la calle se encontraban desiertos. Creí escucharlos nuevamente en el costado de la casa, hacia mi derecha, así que me apresuré a continuar por aquel sector. Caminé rápidamente por lo que fácilmente podría haberse llamado laberinto hasta que me topé con una multitud de seres reunidos en aire festivo; pero no les presté demasiada atención y proseguí mi eventual viaje al percatarme de que había encontrado otra vez el espacio hueco en la  muralla custodiada.