sábado, 9 de febrero de 2013

Abandonado


Sublime, casi fuera de este mundo, ondas que elevan pero que también  hacen descender por momentos.           Decime porqué, porque te vas. Tanto sufrimiento escondido entre los pliegues de esta maraña. Velocidad, energía, momentos felices, caminamos juntos, no importa el peso de lo que llevamos dentro, si ya somos livianos, flotamos sin pensar más que en la cara del otro, y jugamos a tomarnos de la mano tan cálida y tan fuertemente para ver quién es el primero en jamás soltarse. Y  una lágrima que no es lágrima, que no cae por mi mejilla, que no existe más que en esta noche, en estos pensamientos demasiados ajados por la lentitud de mi mirada clavada en el pecho de un sentimiento tan desconocido, porque no quiso presentarse antes de marcharse. Más de lo conocido.
Me hace acordar a vos, vos que ya ni debes tener un atisbo de mi nombre en tu cerebro, vos que decidiste todo, porque yo se que fui el primero en derramar una lágrima por tu causa, tengo miedo de llamarte y que no quieras escucharme, de que me siga quedando con las ganas de volver a sentirte, aunque sea tu voz que era lo más lindo, hasta que pienso que todo eso fue una abominación, como enamorarse de alguna clase especialmente horrible de ser híbrido. Tan sensible, tan buena persona, tan fuerte, tan admirable que todo fue un engaño, una mentira, algo increíble de explicar con palabras coherentes, porque nada tuvo sentido, y a cada segundo estábamos debatiéndonos entre lo que es tener un amor, el dolor por la distancia y la felicidad. Si me preguntaras ahora que es lo que siento diría que no sé, porque sabes que nunca tuve nada de esas cosas en claro, pero sí se siente algo en lo más hondo,  que tiene forma y color pero es más parecido a una melodía triste de piano que a otra cosa. Sí. Ese solo, el mismo, vos sabes cuál. 
Simplemente no puedo escribir porque esta cortina no me deja ver. 1:53 am