Sublime, casi fuera de este mundo, ondas
que elevan pero que también hacen
descender por momentos. Decime porqué, porque te vas. Tanto sufrimiento
escondido entre los pliegues de esta maraña. Velocidad, energía, momentos
felices, caminamos juntos, no importa el peso de lo que llevamos dentro, si ya
somos livianos, flotamos sin pensar más que en la cara del otro, y jugamos a
tomarnos de la mano tan cálida y tan fuertemente para ver quién es el primero
en jamás soltarse. Y una lágrima que no
es lágrima, que no cae por mi mejilla, que no existe más que en esta noche, en
estos pensamientos demasiados ajados por la lentitud de mi mirada clavada en el
pecho de un sentimiento tan desconocido, porque no quiso presentarse antes de
marcharse. Más de lo conocido.
Me hace acordar a vos, vos que ya ni debes
tener un atisbo de mi nombre en tu cerebro, vos que decidiste todo, porque yo
se que fui el primero en derramar una lágrima por tu causa, tengo miedo de
llamarte y que no quieras escucharme, de que me siga quedando con las ganas de
volver a sentirte, aunque sea tu voz que era lo más lindo, hasta que pienso que
todo eso fue una abominación, como enamorarse de alguna clase especialmente
horrible de ser híbrido. Tan sensible, tan buena persona, tan fuerte, tan
admirable que todo fue un engaño, una mentira, algo increíble de explicar con
palabras coherentes, porque nada tuvo sentido, y a cada segundo estábamos
debatiéndonos entre lo que es tener un amor, el dolor por la distancia y la
felicidad. Si me preguntaras ahora que es lo que siento diría que no sé, porque
sabes que nunca tuve nada de esas cosas en claro, pero sí se siente algo en lo
más hondo, que tiene forma y color pero
es más parecido a una melodía triste de piano que a otra cosa. Sí. Ese solo, el
mismo, vos sabes cuál.
Simplemente no puedo escribir porque esta
cortina no me deja ver. 1:53 am