Estoy
sentado en un banco de plaza de cara a la avenida Maipú y llueve mucho. Uno
podría imaginarme con alguna cúpula de iglesia detrás, vestido con un sobrio
traje, camisa blanca, a pesar de mi juventud un bastón entre mis manos para
darme un cierto aire de actor enamorado, una rosa roja como dejada en un
descuido a mi lado en el asiento. Y uno no se equivocaría. Magdalena siempre
tendrá todo mi corazón.
Bajo
lentamente la mirada mientras la lluvia resbala sobre mi pelo, adosándose a las
escenas que evoco y que van aflorando todas desordenadas como las hojas de un
árbol en primavera.
Los
momentos que vivimos en aquella plaza, parecíamos dos cómplices que se
entendían con la mirada. Uno de los días que más reí en mi vida, todavía paso y
no puedo evitar sonreír, además de sentir una mezcla inexplicable de
sentimientos, como si cada sentimiento fuese una pintura en la escala de los
grises o marrones y las colocara a todas en un mismo tarro con la intención de
mezclarlas, luego miro dentro y mi cerebro no sabe cómo debe identificar el
contenido.
Eso
también fue una terrible agonía al principio, porque todos los días debía pasar
por los mismos lugares en los que estuvimos, y ese quiosco, ese café, ese cine,
esa librería, esa calle a la que todavía no le sé el nombre y por la que te
llevaba pretendiendo no estar perdido, hasta que te diste cuenta, todo, todo me
recordaba intensamente a… Basta, si ya no puedo hablarle, ¿Por qué ese vos
explícito? Tal vez es mi inconsciente inconforme, que se resiste a que todo
terminó y desea escuchar otra vez su voz hipnotizante, aunque sea una vez más.
Esa
agonía llegué a pensar no iba a acabar
hasta que me fuera de esta ciudad. Pero para mi sorpresa noté que a medida que
el tiempo fue pasando allí donde siempre encontraba sus recuerdos como migajas
de pan, de a poco volvieron a ser cosas inertes, solo un banco de plaza, solo
una canción, solo una calle, solo el oso de peluche que fue comprado para mí. Excepto
el día de su cumpleaños, cuando me desmoronan los
recuerdos incautos que viene a traer mi
memoria, cuando vienen todos juntos a atacarme, cuando
me visto como el día en que le propuse matrimonio interpretando al personaje de
aquella telenovela que le encantaba tanto, cuando mis pasos siempre terminan
llegando hasta el muro donde posa tu nombre, el silencio, tu cuerpo. Cuando voy
a visitarte con una rosa roja por todo
regalo.