sábado, 9 de febrero de 2013

Solo una rosa


  Estoy sentado en un banco de plaza de cara a la avenida Maipú y llueve mucho. Uno podría imaginarme con alguna cúpula de iglesia detrás, vestido con un sobrio traje, camisa blanca, a pesar de mi juventud un bastón entre mis manos para darme un cierto aire de actor enamorado, una rosa roja como dejada en un descuido a mi lado en el asiento. Y uno no se equivocaría. Magdalena siempre tendrá todo mi corazón.
  Bajo lentamente la mirada mientras la lluvia resbala sobre mi pelo, adosándose a las escenas que evoco y que van aflorando todas desordenadas como las hojas de un árbol en primavera.
  Los momentos que vivimos en aquella plaza, parecíamos dos cómplices que se entendían con la mirada. Uno de los días que más reí en mi vida, todavía paso y no puedo evitar sonreír, además de sentir una mezcla inexplicable de sentimientos, como si cada sentimiento fuese una pintura en la escala de los grises o marrones y las colocara a todas en un mismo tarro con la intención de mezclarlas, luego miro dentro y mi cerebro no sabe cómo debe identificar el contenido.
  Eso también fue una terrible agonía al principio, porque todos los días debía pasar por los mismos lugares en los que estuvimos, y ese quiosco, ese café, ese cine, esa librería, esa calle a la que todavía no le sé el nombre y por la que te llevaba pretendiendo no estar perdido, hasta que te diste cuenta, todo, todo me recordaba intensamente a… Basta, si ya no puedo hablarle, ¿Por qué ese vos explícito? Tal vez es mi inconsciente inconforme, que se resiste a que todo terminó y desea escuchar otra vez su voz hipnotizante, aunque sea una vez más.
  Esa agonía llegué a pensar  no iba a acabar hasta que me fuera de esta ciudad. Pero para mi sorpresa noté que a medida que el tiempo fue pasando allí donde siempre encontraba sus recuerdos como migajas de pan, de a poco volvieron a ser cosas inertes, solo un banco de plaza, solo una canción, solo una calle, solo el oso de peluche que fue comprado para mí. Excepto el día de su cumpleaños, cuando me desmoronan los recuerdos incautos que viene a traer  mi memoria, cuando vienen todos juntos a atacarme, cuando me visto como el día en que le propuse matrimonio interpretando al personaje de aquella telenovela que le encantaba tanto, cuando mis pasos siempre terminan llegando hasta el muro donde posa tu nombre, el silencio, tu cuerpo. Cuando voy a visitarte con  una rosa roja por todo regalo.