sábado, 9 de febrero de 2013

Una tal Flora


  Es increíble lo que puede hacer un abrazo bien dado en el momento oportuno, y de la misma manera la falta de ellos especialmente durante la infancia. Si le hubiesen dicho eso a Flora se hubiese reído bastante, y uno se quedaría con una cara de no saber porque esa efusión tan repentina.
   Flora estaba teniendo problemas con la ley.
  A veces las cosas que ella consideraba divertidas la sociedad las consideraba desadaptadas. Pobre Flora, y digo esto porque sé muy bien que ella en el fondo también sabía que del todo no tenía la culpa. Algunos dicen que haber sido un niño maltratado no justifica para nada que de adulto se cometan crímenes. Para opinar, a los que no lo han sido, les resulta bastante fácil. Los que sí lo han sido y piensan lo de la frase anterior yo creo que es una especie de traición  a la causa, como sea que quieran rotularla. Bueno, también quiero dejar en claro que hablo de crímenes casi inocuos, de esos en los que no sale nadie lastimado, y de criminales que casi que no se les podría llamar así. Porque a los otros yo creo que se les va la mano. Son un tanto impulsivos a mi parecer, esos a los que Flora dice que habría que darles veneno mezclado con la comida. Flora es así, frontal, que se le va a hacer. Empieza a decir algo y nadie la para, y ojo, no vallas nunca a cortarla a mitad de una explicación porque ahí sí que quedas sin voz ni alpargatas.