Alicia no se llamaba Alicia.
Lo que todos saben a ciencia cierta es que
entró, pero nadie sabe si algún día logró salir.
Ella quería que le llamaran así.
Calandria es un lugar maravilloso, al
principio, de ensueño, diseñado especialmente para cada persona que entra allí, convirtiéndose en el paraíso particular de cada uno. Pero una vez que se
habitúa a entrar allí a diario se va quedando y ya no se quiere volver jamás.
El único problema es que justo luego de decidir cerrar el portal con el mundo
real, Calandria se convierte en la peor de las pesadillas, de esas que son
reales y atormenta hasta al más
inocente.
Por supuesto eso Alicia lo desconocía
aquella noche en que vislumbró en su habitación arenas doradas detrás de una
cortina de vapor que envolvió a su escritorio hasta hacerlo desaparecer junto
con la pared que tenia detrás. Así es como se apareció ante ella su entrada a
Calandria.