domingo, 20 de enero de 2013

Calandria (5)- Paradis (la entrada)


   Alicia acababa de salir de la gris aldea de los Régulos cuando descubrió otra vez aquellas huellas como las de su entrada a Calandria, como si alguien se le hubiese adelantado a sus pasos. Desde entonces es que ella sospechó que podría tratarse de la misma persona que la estaba siguiendo, así que invirtiendo los roles, comenzó a seguirlas. No anduvo demasiado cuando tuvo que desistir en su propósito debido a que la arena cedió ante una pradera magnífica, con un cielo especialmente blanco y maravilloso, que parecía fabricado de algodón. Le pareció que si tuviese la altura suficiente hasta podría subirse y dar un paseo tan campante…
   Al detenerse descubrió (¿o no estaban allí antes?) unas simpáticas plantitas de tomates, melones y zanahorias, a las que con mucho gusto se comió de tres bocados. Alicia estaba muy feliz, como se había sentido en mucho tiempo. Se sentía como se debe sentir una flor al ir abriendo cada uno de sus jóvenes pétalos al sol naciente. Se sentía volar, sin alas. y así es como continuó por aquellos maravillosos parajes que tenían por nombre Paradis, sin tener noción del tiempo del tiempo empleado para ello.
   Las arenas del reloj le estaban por dar la primera lección de eso que los adultos llaman realidad.