Me senté en una nube para descansar. Miraba el mar cuando de
pronto, justo en medio, empezó a crecer un árbol. Sí, así sin más, como si
fuese un cabello o un brazo. Tan extrañado me encontraba que no podía apartar
la mirada, además jamás había visto un árbol tan blanco. Después empezaron a
llover hojas y a cantar las aguas. Entonces me dio miedo y desee que todo
volviese a ser como antes, y todo se apagó, la blancura del árbol misterioso
desapareció, al igual que las hojas y el canto. Las aguas se calmaron. El
viento cesó y la noche volvió a ser tan estrellada como siempre cuando me sequé
las lágrimas y me levanté de la nube.